El fin de semana después de Barcelona,
fui a Marruecos con un programa We Love Spain, una compañía dedicada a hacer
viajes para alumnos en el extranjero. Ese
fin de semana fue un gran recuerdo de que bendita soy. Soy bendita para vivir
en los Estados Unidos y para tener la oportunidad para viajar a otros países con
culturas diferentes. Marruecos fue muy diferente en general y único, pero la
experiencia fue muy guay. Me gusta mucho.
Por la tarde a viernes, cinco de mis
amigas y yo reunieron a la Torre del Oro para comenzar nuestro viaje. Tomó 3
horas por autobús para llegar a la Puerta Algeciras. Después, tomó una hora más
o menos por el ferryr para llegar en Ceuta que es una ciudad de España que esta
en África. El ferry fue impresionante
porque podía ver como España y África son cercanos – sólo 12km (7.3 millas). Vi
Gibraltar también del transbordador. Necesitamos pasar la aduana y entonces
fuimos a Tetuán. Cuando llegamos al hotel, cenamos y dormimos. Para cena,
cenamos una ensalada con pepinos, tomates, patatas, atún y pimientos para el
primer plato. El segundo plato, comemos pollo con un salsa limón y aceitunas,
pero a mi no me gustan los aceitunas. Fue un día larga y llena de viajando.


El sábado, fuimos en el centro histórico
que se llamaba el Medina. El centro era un gran mercado con muchas tiendas
diferentes que tenían comida o bufandas o tallas en madera o móviles. A
continuación visitamos una fábrica de alfombras marroquíes. Toda alfombra fue
hecha de mano, y los comerciantes nos mostraron docenas de sus preciados
productos. Algunos estudiantes compraron alfombras para llevar a casa.

Continuamos
a una tetería marroquí y bebemos el té marroquí. Fue muy delicioso y único – no
como te que he bebido. Fuimos a una farmacia marroquí al otro lado de la calle.
En lugar de curas modernas para las enfermedades, los marroquíes emplean otras
maneras de “medicina”. Por ejemplo, si tienes resfriado o la congestión nasal,
en lugar de tomar una pastilla se emplea algo de eucalipto – hay que ponerlo en
un pedazo de tela, frotarlo, y olfatearlo a través de la nariz. Para
curar el estrés, en lugar de fumar o hacer algo insalubre, solamente
hay que aplicar dos gotas de un aceite especial en las sienes y, como magia, se
quita el estrés. Todo era muy impresionante. También había mi producto favorito
de Marruecos – el té marroquí, y especies diferentes.
Almorzamos un poco
después a un lugar que tenia la arquitectura árabe más auténtico.
Comemos
la comida tradicional de Marruecos – cuscús – y fue muy delicioso y mucho más
diferente que el cuscús a Med Deli en Chapel Hill por supuesto.

Continuamos a Tánger después de almorzar.
En Tánger, montamos un camello. Este fue un momento que nunca me olvidaré. Fue
muy guay para montar un animal exótico. Los camellos fueron un poco inestables cuando
se levantaron así que tuve miedo por algunos momentos. Fue increíble y muy único y las vistas de la
playa son hermosas – esta playa es donde el Mar Mediterráneo y el Océano Atlántico
combinan. Después, fuimos la Cueva de Hércules que fue muy preciosa
especialmente al atardecer.





El domingo, continuamos a Cefchaouen, es un
pueblo montaña donde todos los edificios son blancos y azules. Tenemos un guía marroquí y aprendemos que él
es famoso, tiene su propio programa de televisión con National Geographic y
puede hablar en ingles, alemán, español, árabe, hebreo, etc. Fue un hombre impresionante.
La primera cosa que el guía nos ha dicho sobre Chefchaouen era el
origen de su nombre: viene de una expresión que se traduce en español como
“mira entre los conos” por su locación bajo dos montañas que se parecen a
conos. Los edificios azules solo eran pocos de los aspectos sobresalientes del
pueblo. Almorzamos cuscús también y por
supuesto bebemos el té marroquí. Después, quería ir de compras. No
era necesario para cambiar su dinero en Marruecos pero 1 euro = 10 dírhams. Compre
algunas bufandas en la calle por menos de la mitad del precio primer. Me
gustaba negociar los precios – era muy divertido.

Por fin, después de tres días
muy emocionantes ya era la hora de volver a casa. Como en el viaje original,
tuvimos que viajar por cinco o seis horas más antes de que llegamos a Sevilla.
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